ESTO OCURRIÓ Y AFECTÓ A INNUMERABLES PERSONAS

No es Macondo. La historia que voy a narrar aunque parezca que fue sacada de algún libreto olvidado de Gabriel García Marquez, es real, ocurrió en el Barrio Constitución de la Ciudad de Trelew. Tiene como principal protagonista al Dr. Carlos Blas López, quien fue director del Hospital Zonal de Trrelew durante más de una década.

Cuesta abajo. Deseo mostrar que la decadencia de la Salud Pública en la Provincia del Chubut, viene desde una larga data, con sus orígenes en la década del 90, con gobiernos radicales, luego se fue profundizando con quienes lo sucedieron (gobiernos justicialistas), hasta llegar al día de hoy donde el funcionamiento de los hospitales es caótico e inmanejable. .

Puesto sanitario. La historia comienza en junio de 1.991, cuando se inauguró “la Salita de Primeros Auxilios del Barrio Constitución”, la cual se encontraba en un lugar muy precario, que ya estaba construido, debajo de los departamentos del Sector C. .Con dicho evento se dio por cumplimentado un compromiso adquirido por el partido gobernante (Radical) con la Junta Vecinal de dicho barrio, durante la campaña electoral.

Lugar donde funcionó la Salita de Primeros Auxilios del Barrio Constitución

Mobiliario. Se dotó al lugar de una mesa y 5 sillas chicas, de las que usan los niños en la escuela primaria, una camilla sin provisión de fundas y nada más. 

Servicio de enfermería. El único servicio que se ofrecía en sus comienzos era el de una una enfermera, que no contaba con los elementos mínimos, no tenía tensiómetro, nebulizador, oxígeno, balanza, ni siquiera termómetro, tampoco disponía de medicamentos esenciales para usar en una emergencia. 

Lugar pequeño. La superficie de la sala de espera era de aproximadamente 6 metros cuadrados. El lugar en donde se encontraba el gabinete de enfermería también tenía medidas similares, no poseía ventilación ni iluminación adecuada (solo una pequeña banderola).

Baño clausurado. Había un baño, cuya superficie era de un metro cuadrado, en donde también se almacenaban carpetas, historias clínicas, material de limpieza, etc., No poseía aireación hacia el exterior y su puerta de acceso de madera, no se podía cerrar, porque se hinchaba al mojarse con un líquido que caía del techo, luego se comprobó que era agua de cloacas de los departamentos de arriba.

Ninguna comodidad. No contaba con heladera, calefacción, agua caliente ni teléfono.

Más empleados. El lugar no se adaptaba ni mínimamente para que funcionara una sala de primeros auxilios. Pero inexplicablemente, al año siguiente (1.992) el director del hospital, quizás por presión de algún “puntero político”, decidió que  prestara servicios en dicho lugar una empleada administrativa, un agente sanitario y una mucama. Más adelante concurriría dos veces por semana, una extraccionista para recolectar muestras para análisis. Todos hacinados tenían que trabajar en ese diminuto lugar. 

Menos espacio. Luego se decidió que se comenzara a entregar leche en polvo, cuyas partidas entre 180 y 220 Kg se depositaban en la sala de espera, haciendo que el lugar disponible se achicara aún más.

Hacinamiento total. Como se dijo, el lugar no era apropiado ni siquiera para la prestación de un servicio de enfermería, obviamente se agravó aún más la situación cuando se decidió el agregado de otros servicios. Lo razonable hubiera sido que una vez advertido el error cometido, lo remediarían desandando las órdenes impartidas en sentido contrario, vale decir ordenado el traslado de los servicios agregados a otros centros asistenciales aledaños, que podía ser la Loma o San Martín que contaban con mayor espacio. Además quedaban muy cerca del Barrio Constitución, con lo cual los pacientes tampoco no se verían muy afectados.


Hacer lugar. No sólo que nada de esto ocurrió, sino que además anticiparon a quienes ya estaban trabajando en “La Salita”, que debían darle lugar a otro agente. Esta vez se agregaría un médico clínico. Fue a comienzos de 1.993.

Dr. Hugo Elbio Carrizo. Otro destinatario de la ira e irracionalidad de quienes dirigían el hospital Zonal de Trelew fue con el querido y recordado Dr. Hugo Carrizo, quien sufría una persecución despiadada por su militancia política (era afiliado al partido justicialista). Había que tener mucho amor a la profesión para aguantar esta terrible persecución y el Dr. Carrizo tuvo la fortaleza suficiente para permanecer en ese lugar de trabajo bajo las condiciones impuestas. 

Funcionamiento caótico. Resumiendo, el funcionamiento de la Salita era caótico había un exceso de personal en un lugar muy chico e inapropiado. No habían servicios básicos: baño, calefacción, agua caliente, heladera ni teléfono. Faltaba equipamiento médico y de enfermería que eran imprescindibles para llevar a cabo sus tareas, no había tensiómetro, termómetro, balanza, etc. tampoco habían medicamentos de ningún tipo, ni siquiera para las urgencias. Este déficit hacía que se hiciera muy difícil y hasta peligrosa la asistencia de los pacientes.

Intimidad. No podía respetarse la confidencialidad ni intimidad de los pacientes ya que, quienes estaban en la sala de espera, escuchaban con nitidez las conversaciones mantenidas en el recinto adyacente entre el médico y sus pacientes. 

Guantánamo de Blas López. El lugar ya no daba para más, el funcionamiento de dicho centro asistencial era terrorífico, se los estaba denigrando no sólo a los empleados sino también a los pacientes, pero habría una vuelta de tuerca más. En enero de 1.994, el director del HZT, el Dr. Carlos Blas López, sin razón que lo justificara, ordenó mi traslado del centro de salud del Barrio Amaya (dejándolo sin pediatra) al mencionado puesto sanitario. En la jerga hospitalaria se decía que la Salita del B. Constitución era el Guantánamo del Dr. Blas López, porque era el lugar elegido por él para trasladar a los empleados considerados "díscolos y peligrosos".

Compartir el lugar como sea. Con mi llegada se complicó aún más el funcionamiento de la Salita, ya que en el mismo horario de trabajo, el Dr. Carrizo, la enfermera, la agente sanitario, la extraccionista y yo debíamos compartir el único lugar disponible para desarrollar nuestras actividades, que era el gabinete de enfermería.

Metodología de trabajo. Nos organizamos de la siguiente forma, cuando la enfermera debía realizar alguna tarea atinente a su oficio (vacunar, nebulizar, suministrar inyecciones, etc.) o concurría la extraccionista, ambos médicos debíamos retirarnos de dicho recinto. Y cuando quedaba disponible atendíamos en forma alternada, si lo usaba yo para atender algún niño, el Dr. Carrizo esperaba en la sala de espera o afuera de la Salita y a la inversa cuando atendía Carrizo yo esperaba afuera.

Darse cuenta. En 1.997, después de seis años de haber funcionado en las condiciones descriptas, el Dr. Blas López, que seguía en el cargo de director del HZT, se dio cuenta que la Salita de Primeros Auxilios, resultaba pequeña para ofrecer tantos servicios y comenzó a suprimir la mayoría de ellos, dejando sólo a una enfermera y a mí en ese lugar.

Lucha social. Continuó la lucha social llevada adelante por los pacientes y vecinos durante varios años, hasta que lograron que el Dr. Blas López, diera su aprobación para que ellos mismos pudieran llevar a cabo  la ampliación de la Salita de Primeros Auxilios del Barro Constitución. Esta parte, se narrará en otra ocasión.

Dr. Fernando Urbano. Médico pediatra y sanitarista. 

 

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